- El estudio combina datos de PELA-USAL y V-Dem para analizar cómo se relacionan las actitudes de las élites parlamentarias con cinco variedades de democracia en América Latina.
- El apoyo de las élites a la democracia favorece especialmente la dimensión electoral y, en algunos casos, las dimensiones liberal, deliberativa e igualitaria, pero no siempre es una condición necesaria para la plena democracia.
- El radicalismo ideológico de las élites, cuando se combina con una sólida trayectoria democrática y un buen contexto socioeconómico, puede fortalecer principalmente la dimensión igualitaria y allanar el camino hacia la plena democracia.
- Una comparación entre Uruguay y El Salvador revela la importancia de la dependencia de la trayectoria histórica: las trayectorias históricas de apoyo constante a la democracia condicionan el efecto del radicalismo sobre la calidad democrática.
El debate sobre cómo las élites políticas influyen en la calidad de la democracia en América Latina ha cobrado nuevo impulso. Basado en investigaciones que van más allá de la clásica oposición entre democracia y autoritarismo. En lugar de centrarse únicamente en cambios de régimen, golpes de Estado o procesos de transición, una parte significativa de la literatura reciente se ha dedicado a comprender ¿Cómo funcionan las democracias una vez que ya están establecidas? ¿Y qué factores explican por qué algunos son más inclusivos, igualitarios o deliberativos que otros?
En este contexto, destaca la obra de Asbel Bohigues sobre "élites, radicalismo y democracia". Al centrarse directamente en las actitudes y valores de las élites parlamentarias latinoamericanas y articular estas percepciones con diferentes “variedades de democracia”, el estudio, basado en datos del Proyecto de Élites Latinoamericanas (PELA-USAL) e indicadores de Variedades de Democracia (V-Dem), muestra, de manera contraintuitiva, que El radicalismo ideológico de las élites puede, en ciertos contextos, reforzar dimensiones específicas de la democracia., especialmente la dimensión igualitaria, cuando se combina con el apoyo a las instituciones democráticas.
Dos líneas de investigación en ciencia política: las rupturas democráticas y la calidad de la democracia.
La literatura clásica sobre la democratización en América Latina y el sur de Europa ha hecho hincapié principalmente en los momentos de crisis.: colapso de regímenes, transiciones del autoritarismo a la democracia y procesos de consolidación democrática. Autores como Juan J. Linz y Alfred Stepan, especialmente en obras como "El colapso de los regímenes democráticos" (1978) y "Problemas de la transición y consolidación democráticas" (1996), fueron fundamentales para explicar como las decisiones estratégicas de las élites Contribuyeron a la apertura de regímenes, a la negociación de pactos y a la preservación o destrucción de los equilibrios democráticos.
De manera similar, el trabajo organizado por Guillermo O'Donnell, Philippe Schmitter y Laurence Whitehead, “Transiciones del régimen autoritario” (1986), consolidaron un enfoque en el que la agencia política —es decir, las decisiones de los líderes y los grupos de poder— aparece como un elemento clave para comprender la tercera ola de democratización. En esta misma línea, el estudio de Higley y Gunther (1992) también encaja. élites y consolidación democrática En América Latina y el sur de Europa, esto refuerza la idea de que las actitudes, los pactos y los conflictos entre los grupos gobernantes dan forma al destino de los regímenes.
En las décadas de 1990 y 2000, el enfoque se amplió para incluir el análisis de la estabilidad de los regímenes democráticos y sus riesgos.Linz (1990), al hablar de los “peligros del presidencialismo”, advirtió sobre la posibilidad de que el diseño institucional pudiera fomentar crisis recurrentes e incluso el regreso de los militares a la escena política. Remmer (1996), a su vez, analizó La sostenibilidad de la democracia sudamericana, relacionando el desempeño institucional, las condiciones socioeconómicas y el apoyo político.
Posteriormente, Scott Mainwaring y Aníbal Pérez-Liñán desarrollaron aún más el análisis comparativo de las democracias y las dictaduras en la región.En obras como “Democracias y dictaduras en América Latina: surgimiento, supervivencia y caída” (2013/2014), demostraron cómo los factores institucionales, la estructura de los partidos, el desempeño económico y el comportamiento de las élites se combinan para explicar el surgimiento, la supervivencia y la caída de los regímenes a lo largo del tiempo.
Al mismo tiempo, una parte importante de la literatura comenzó a cuestionar la idea de la democracia como una categoría binaria.Autores como O'Donnell (1994), al introducir el concepto de "democracia delegativa", llamaron la atención sobre sistemas que, aunque formalmente democráticos, Operaban con prácticas concentradas en el poder ejecutivo.Baja calidad de representación y débil control institucional. De este modo, se abrió un espacio para estudios que hablan de "variedades de democracia" y diferentes dimensiones democráticas, yendo más allá de la simple distinción entre democracia y dictadura.
Variedades de democracia: más allá del sí o el no
En lugar de limitarse a preguntar si un país es democrático, el enfoque de las variedades de democracia busca comprender cuán democrático es en diferentes dimensiones.El proyecto V-Dem (Variedades de Democracia), detallado en la metodología de Coppedge, Gerring, Knutsen, Lindberg, Teorell y colegas (2021), mide la democracia basándose en varios componentes, entre ellos: electoral, liberal, participativo, deliberativo e igualitario.
La dimensión electoral subraya la existencia de elecciones competitivas, justas y periódicas.En un sistema donde los ciudadanos pueden elegir entre alternativas reales y los votos se contabilizan de forma mínimamente justa. Sin este componente, hablar de democracia se vuelve prácticamente imposible, ya que el sufragio es el mecanismo central para elegir a los gobernantes en los regímenes representativos.
La dimensión liberal se centra en los controles y equilibrios y en la protección de las libertades civiles.Implica independencia judicial, supervisión legislativa del poder ejecutivo, una prensa libre y la protección de los derechos fundamentales. Incluso si un país celebra elecciones periódicas, si existe una concentración extrema de poder o violaciones sistemáticas de los derechos, El carácter liberal de la democracia es bajo..
La dimensión participativa evalúa la implicación ciudadana más allá del mero voto.Participación en organizaciones, movilizaciones, consultas públicas y manifestaciones de democracia directa. En este sentido, es importante comprender hasta qué punto la población puede influir en la agenda política y el proceso de toma de decisiones a través de canales que van más allá de las urnas.
La dimensión deliberativa se refiere a cómo se toman las decisiones colectivas.La cuestión central es si las instituciones políticas favorecen debates públicos bien fundamentados, abiertos y respetuososEn los que se presentan, justifican y discuten argumentos, o donde prevalece la lógica de la imposición, sin una discusión sustantiva.
Finalmente, la dimensión igualitaria se refiere a la distribución del poder y los recursos.No basta con tener los derechos por escrito: es importante verificar si realmente existen. igualdad real en el acceso a la participación política, la justicia, la educación, la salud y la protección social. Las democracias que concentran el poder y la riqueza en unos pocos grupos tienden a obtener malos resultados en esta dimensión, incluso si cumplen con los requisitos electorales básicos.
El concepto de "democracia plena" adoptado por Bohigues se refiere precisamente a los regímenes que presentan altos niveles en las cinco dimensiones mencionadas.En otras palabras, no se trata simplemente de una democracia "mínima" basada en elecciones competitivas, sino de un orden político que combina integridad electoral, respeto por los derechos, alta participación ciudadana, procesos deliberativos sólidos y un fuerte componente igualitario.
Las élites políticas como clave para la explicación
Gran parte del debate sobre la calidad de la democracia se ha centrado en la opinión pública en general., midiendo, por ejemplo, el apoyo de los ciudadanos a la democracia o la confianza en las instituciones. Sin embargo, el estudio de Bohigues llama la atención sobre un punto que a menudo se pasa por alto: Las actitudes de las élites políticas pueden tener un impacto directo en las "reglas del juego". y sobre cómo se modifican, se conservan o se distorsionan estas reglas.
Siguiendo la línea de autores como Anduiza Perea (1999), que destacan la capacidad de los políticos para influir fuertemente en las instituciones.La investigación parte de la premisa de que Es fundamental saber qué piensan los parlamentarios y qué valoran.Si las élites apoyan la democracia solo de forma instrumental, por conveniencia, o si coquetean con soluciones autoritarias, esto tiende a afectar la estabilidad y la calidad del régimen.
El estudio se basa en dos ejes principales para medir la visión de las élites.Apoyo a la democracia y al radicalismo ideológico. El apoyo democrático se obtiene principalmente a través de: Actitudes favorables hacia las elecciones y los partidos políticos., considerados como pilares institucionales básicos. El radicalismo, por otro lado, se mide por las posiciones extremas que adoptan los parlamentarios en la escala ideológica izquierda-derecha.
En lugar de considerar el radicalismo como algo automáticamente negativo, el estudio diferencia entre radicalismo antidemocrático y "radicalismo democrático".Esto último se refiere a las élites que ocupan posiciones extremas en el espectro ideológico, pero que, al mismo tiempo, Apoyan claramente la democracia, las elecciones y el sistema de partidos.La hipótesis central es que este tipo de radicalismo puede, en ciertos contextos, contribuir positivamente a ciertas variedades de democracia.
Esto representa un contrapunto a las interpretaciones más tradicionales, como las de Mainwaring y Pérez-Liñán., que a menudo se asocian intensa polarización ideológica que conduce a la inestabilidad democráticaLa propuesta de Bohigues es que, dado que la democracia es "la única opción viable", la claridad programática —a menudo asociada con posiciones ideológicas más firmes— puede fortalecer el debate público, la representación y, en algunos casos, incluso la dimensión igualitaria de los regímenes.
PELA-USAL y V-Dem: bases de datos para comprender a las élites y el contexto.
Para poner a prueba estas ideas, el estudio utiliza dos grandes bases de datos. que, en conjunto, permiten obtener una imagen completa de la relación entre las élites y la democracia en América Latina entre 1995 y 2015.
Por un lado, el Proyecto de Élites Latinoamericanas (PELA-USAL), de la Universidad de Salamanca, constituye un observatorio de élites parlamentarias que, desde principios de la década de 1990, Entrevistas con miembros del parlamento y senadores de prácticamente todos los países latinoamericanos.Durante más de dos décadas, se recopilaron más de 8.000 entrevistas en 18 países, que abarcan 95 legislaturas (o combinaciones de país y año). Este material revela, con gran detalle, Posiciones ideológicas, percepciones sobre las instituciones y valores democráticos de las élites parlamentarias.
Por otro lado, V-Dem ofrece indicadores contextuales detallados. sobre las múltiples dimensiones de la democracia en los mismos países y período. La metodología presentada por Coppedge y colegas (2021) describe sistemáticamente ¿Cómo se construyen los índices electorales, liberales, participativos, deliberativos e igualitarios?, basándose en una vasta base de datos y evaluaciones de expertos.
Además, el estudio recurre a otras fuentes de datos contextuales., como Latinobarómetro y el Banco Mundial, para capturar condiciones socioeconómicas, trayectoria democrática y elementos de la cultura políticaEn conjunto, estos fundamentos nos permiten analizar hasta qué punto factores como el desarrollo económico, la historia de la democracia, las instituciones y las variables geopolíticas modulan el efecto de las actitudes de las élites sobre las diferentes variedades de democracia.
Esto da como resultado un modelo de dos etapas.Primero, el contexto (económico, institucional, cultural e histórico) moldea las actitudes de las élites políticas; luego, estas actitudes influyen, de diferentes maneras, cada una de las cinco dimensiones de la democraciaNo se presupone que todas las dimensiones se muevan como una sola unidad: pueden responder a diferentes combinaciones de factores, incluso a algunos potencialmente contradictorios.
Enfoque multimétodo: HJ-Biplot, QCA y trazado de procesos.
Para poner a prueba sus hipótesis, Bohigues adopta una estrategia de métodos mixtos que combina técnicas cuantitativas y cualitativas.La idea es aprovechar lo mejor de cada enfoque, reconociendo que ninguno de ellos, de forma aislada, permite establecer una causalidad estricta, pero La triangulación refuerza la solidez de las correlaciones y los mecanismos propuestos..
En primer lugar, el autor utiliza el HJ-Biplot como herramienta de análisis multivariante. Explorar las relaciones entre las actitudes de la élite (apoyo a la democracia y radicalismo) e índices de diferentes tipos de democracia. El HJ-Biplot permite la visualización. Cómo se distribuyen los países y las variables dentro del mismo espacio gráfico., facilitando la identificación de patrones, asociaciones y posibles compensaciones entre las dimensiones democráticas.
En segundo lugar, se utiliza el Análisis Comparativo Cualitativo (QCA) con conjuntos difusos (fsQCA). investigar ¿Qué combinaciones de condiciones son suficientes para producir una "democracia plena"?Esta técnica, ampliamente utilizada en estudios comparativos, trabaja con lógica sectorial (conjuntos) y se centra en configuraciones causales, en lugar de efectos aislados. De este modo, es posible identificar, por ejemplo, contextos y actitudes de las élites que, en conjunto, se asocian con altos niveles en todas las dimensiones democráticas.
Finalmente, el estudio utiliza el seguimiento comparativo de procesos. analizar en profundidad dos casos paradigmáticos: Uruguay y El SalvadorAmbos presentan élites con características similares en términos de radicalismo y apoyo a la democracia, pero muestran resultados diferentes con respecto a la presencia de una democracia plena. El objetivo es realizar un seguimiento. los mecanismos causales a lo largo del tiempo, examinando cómo la trayectoria democrática (dependencia de la trayectoria) condiciona el impacto del radicalismo y el apoyo de las élites.
El uso combinado de estas herramientas metodológicas resulta especialmente útil para estudiantes e investigadores de países específicos.En muchos estudios comparativos, los países terminan siendo reducidos a variables binarias, con poca información contextual. Aquí, por el contrario, Existe un esfuerzo explícito por reconstruir el contexto político de cada caso.Esto hace que el libro sea valioso tanto para análisis regionales como para estudios específicos, por ejemplo, sobre Uruguay, Costa Rica o El Salvador.
Principales conclusiones: apoyo, radicalismo y variedades de democracia.
En el capítulo dedicado a la influencia de las élites en diferentes variedades de democraciaEl estudio pone a prueba la hipótesis de que El apoyo a la democracia y el radicalismo de las élites tienen efectos distintos, y a veces opuestos, en cada dimensión.Los resultados empíricos obtenidos mediante el HJ-Biplot son reveladores.
La primera observación es relativamente intuitiva.: Cuanto mayor sea el apoyo de las élites a la democracia, mejor será el desempeño de los países en dimensiones como la electoral y, en algunos casos, la liberal, deliberativa e igualitaria.Las élites que defienden sin reservas las elecciones y los partidos tienden a reforzar tanto la integridad del proceso electoral como el espacio para el debate y la inclusión.
Sin embargo, el efecto del radicalismo resulta ser más complejo.En ciertos contextos, se observa que Cuanto más radical sea la élite de un país, mayor tenderá a ser la dimensión igualitaria de su democracia.aunque esto pueda ir acompañado de niveles más bajos en las dimensiones electoral, liberal o deliberativa. Esta asociación sugiere que Las posturas ideológicas más extremas podrían impulsar políticas redistributivas y una reducción de las desigualdades.incluso si generan tensiones con otras normas y prácticas institucionales.
Uno de los hallazgos más interesantes es que el apoyo a la democracia no es necesariamente una condición indispensable para la existencia de una democracia plena., al analizar la configuración factorial mediante fsQCA. En al menos una combinación identificada, Es posible alcanzar la plena democracia sin que el apoyo de las élites sea claramente necesario para que la democracia funcione.Esto indica que unos contextos estructurales e institucionales favorables pueden compensar parcialmente la ambivalencia de ciertas élites.
Al mismo tiempo, los resultados muestran que el radicalismo, en interacción con otras variables, puede crear condiciones suficientes para la presencia de una democracia plena.En otras palabras, el radicalismo no solo no es inevitablemente dañino, sino que puede ser un factor que contribuya a ello. necesario en ciertos caminos hacia el fortalecimiento democráticoespecialmente cuando se combina con una trayectoria democrática consolidada y buenas condiciones socioeconómicas.
El camino radical-democrático: Uruguay vs. El Salvador
Para comprender mejor los mecanismos que subyacen a esta denominada "vía radical-democrática"El estudio compara dos casos de élites similares en cuanto a radicalismo y, en cierta medida, apoyo a la democracia: Uruguay y El SalvadorLa cuestión central es explicar por qué el primero alcanza niveles de plena democracia, mientras que el segundo no, a pesar de compartir condiciones que, en teoría, deberían conducir a resultados similares.
El análisis comparativo de los procesos pone de manifiesto la importancia decisiva de la trayectoria democrática.En el caso uruguayo, las élites políticas han sido... Apoyar la democracia de forma constante a lo largo del tiempo....incluso cuando ocupan posiciones ideológicas firmes. Esto ha permitido a los partidos y líderes aprender, históricamente, a "jugar el juego democrático", estableciendo rutinas de competencia programática, respeto por las reglas y alternancia pacífica del poder.
En El Salvador, en cambio, el pleno apoyo de las élites a la democracia es un fenómeno más reciente.El legado del conflicto armado, la polarización violenta y la fragilidad institucional han obstaculizado la consolidación de un consenso sólido en torno a las reglas democráticas. Aunque existe el radicalismo ideológico, una combinación con una trayectoria más corta de apoyo democrático Esto produce un efecto diferente, que no se traduce en una democracia plena.
Este contraste pone de relieve la lógica de la dependencia de la trayectoria.El pasado importa, y mucho. Las élites que históricamente se han socializado en contextos de respeto por las instituciones democráticas tienden a canalizar el radicalismo hacia... Litigios programáticos claros y competitivos, pero dentro de las reglas.En contextos donde el compromiso democrático es tardío o débil, El radicalismo puede degenerar en una polarización destructiva., bloqueando las reformas y erosionando la confianza entre los actores políticos.
Este debate dialoga, de forma interesante, con el famoso informe de la Asociación Estadounidense de Ciencia Política (1950). sobre un sistema bipartidista más responsable en los Estados Unidos. En ese momento, se argumentó que partidos ideológicamente más diversos ayudarían a los votantes a elegir alternativas claras. Sin embargo, la experiencia posterior de polarización extrema en los EE. UU. demostró que Las diferencias significativas pueden socavar el diálogo y la cooperación.El estudio de Bohigues sugiere que, en sistemas de partidos frágiles como los de América Latina, Un cierto grado de radicalismo programático aún puede ser beneficioso.siempre y cuando se fundamente en un apoyo inequívoco a la democracia.
Relevancia teórica y empírica del estudio
Una de las grandes contribuciones de esta obra reside en romper con la visión puramente binaria de la democracia.En lugar de simplemente preguntar si un país es democrático o no, el autor trabaja con la idea de La democracia como fenómeno multidimensional y gradual, alineándose con las perspectivas más recientes de los estudios comparativos y de la propia V-Dem.
Otra de sus virtudes es que llena un vacío importante en la bibliografía sobre las actitudes de las élites políticas.Si bien las encuestas de opinión pública sobre el apoyo a la democracia se han multiplicado, La evidencia empírica sistemática sobre lo que piensan las élites era mucho más escasa.El uso extensivo de los datos de PELA-USAL ayuda a corregir este desequilibrio, acercando el análisis a... actores que tienen la capacidad real de redefinir las instituciones y las políticas.
Desde un punto de vista sustantivo, el hallazgo contraintuitivo sobre el papel positivo de las élites radicales en ciertas circunstancias Esto es especialmente relevante para el debate contemporáneo sobre la polarización. Muchos estudios tienden a considerar la polarización ideológica como algo invariablemente negativo para los sistemas de partidos latinoamericanos. asociándolo con bloqueos legislativos, crisis de gobernanza y erosión democrática.Sin embargo, la investigación de Bohigues demuestra que Es necesario distinguir entre radicalismo antidemocrático y radicalismo democrático.lo que podría ampliar el abanico de propuestas y profundizar el debate sobre la igualdad.
Finalmente, en diálogo con autores clásicos como Linz, Stepan, O'Donnell, Schmitter, Whitehead, Higley, Gunther, Mainwaring y Pérez-LiñánEl estudio forma parte de una tradición bien establecida, pero Va más allá del énfasis en las rupturas, las transiciones y la consolidación.En sus propias palabras, una vez que un país alcanza el mínimo para ser considerado democrático, "la vida y la democracia continúan", y es precisamente en esta vida institucional cotidiana donde se toman las decisiones. ¿Hasta qué punto será inclusiva, participativa, deliberativa e igualitaria esta democracia?.
Todo este conjunto de evidencias y reflexiones ayuda a comprender mejor por qué, en LatinoaméricaLas democracias que comparten etiquetas similares pueden funcionar de maneras muy diferentes.Al centrarse en las élites, sus actitudes y su radicalismo, en diálogo con los contextos históricos e institucionales, el trabajo ofrece un mapa detallado de las posibilidades y limitaciones de la democracia en la región.Esto demuestra que, bajo ciertas condiciones, incluso los extremos ideológicos pueden actuar como palancas para profundizar la democracia, en lugar de ser amenazas inevitables para su supervivencia.


