
Las Guerras Carlistas fueron una serie de conflictos armados que se produjeron en España a lo largo del siglo XIX, entre los partidarios del pretendiente carlista al trono y los partidarios de la reina Isabel II. El primer conflicto, conocido como la Primera Guerra Carlista, comenzó en 1833 y se prolongó hasta 1839, culminando con la victoria de los liberales y la ascensión al trono de Isabel II.
El segundo conflicto, la Segunda Guerra Carlista, comenzó en 1846 y duró hasta 1849, resultando nuevamente en la derrota de los carlistas. El tercer conflicto, la Tercera Guerra Carlista, tuvo lugar entre 1872 y 1876, durante el reinado de Amadeo I. Los carlistas lucharon contra el gobierno central y sus aliados republicanos, siendo nuevamente derrotados, lo que condujo a la represión del movimiento carlista, considerado una amenaza significativa para el gobierno español.
Las Guerras Carlistas se caracterizaron por intensos combates, traiciones, masacres y persecución política, y tuvieron un impacto duradero en la sociedad española. La lucha entre carlistas y liberales reflejó las divisiones políticas y sociales del país en aquel momento, dejando cicatrices que perduraron durante generaciones.
Conoce las Guerras Carlistas que marcaron la historia de España en el siglo XIX.
Las Guerras Carlistas fueron una serie de conflictos armados ocurridos en España durante el siglo XIX. Se libraron entre los partidarios del infante Carlos, conde de Molina, quien reclamaba el trono español en detrimento de su sobrina Isabel II, y los partidarios del régimen liberal y la monarquía constitucional.
La Primera Guerra Carlista comenzó en 1833, tras la muerte del rey Fernando VII, y duró hasta 1839. Los carlistas, liderados por el príncipe Carlos, buscaban restaurar la monarquía absoluta y los valores tradicionales españoles. Los liberales apoyaron a Isabel II, quien representaba la continuidad del régimen constitucional.
La Segunda Guerra Carlista comenzó en 1846 y finalizó en 1849. En este conflicto, los carlistas intentaron una vez más derrocar al gobierno liberal y colocar a Carlos V en el trono. A pesar de algunas victorias iniciales, fueron derrotados por las fuerzas gubernamentales y el conflicto llegó a su fin.
El tercer y último conflicto carlista tuvo lugar entre 1872 y 1876. En esta ocasión, los partidarios de Carlos VII se enfrentaron a las tropas gubernamentales lideradas por Alfonso XII. Una vez más, los carlistas fueron derrotados y el régimen constitucional salió victorioso.
Las Guerras Carlistas dejaron un legado de división y violencia en la sociedad española. Marcaron un período turbulento en la historia del país, con sangrientos enfrentamientos y profundas disputas ideológicas. La lucha entre absolutistas y liberales tuvo consecuencias duraderas para España, influyendo en el desarrollo político y social del país a lo largo del siglo XIX.
Guerras Carlistas: Primera, Segunda y Tercera
Las guerras carlistas fueron una serie de conflictos bélicos que tuvieron lugar en España durante el siglo XIX. Estas guerras se produjeron porque, tras la muerte del rey Fernando VII, su hija Isabel II tuvo que asumir el poder.
El hermano del difunto rey, Carlos María Isidro (Carlos V), decidió rebelarse para destituir a su sobrina del trono, con la excusa de que era demasiado joven, además de mujer.
La primera guerra, que tuvo lugar entre 1833 y 1839, estuvo imbuida del espíritu del Romanticismo, un movimiento filosófico que se extendía rápidamente por la Península Ibérica y otras regiones de Europa durante aquellos años. Por lo tanto, este primer enfrentamiento se inspiró en los ideales patrióticos y revolucionarios de esta época de revueltas.
En esta primera coalición fue protagonista Carlos V, quien inició revueltas favorables en las zonas de Aragón, Valencia, Cataluña y País Vasco; estas acciones provocaron alrededor de 200.000 muertos.
La Segunda Guerra Carlista tuvo lugar entre 1846 y 1849; fue menos apasionada y más política, alejándose de los ideales románticos y nacionalistas previos. Los segundos enfrentamientos se desarrollaron principalmente en la Cataluña rural, y hubo otros brotes menores en otras partes de España. El protagonista fue Carlos Luis de Borbón.
La tercera guerra se produjo en 1872 y finalizó en 1876. Se produjo como consecuencia de un momento de inestabilidad política durante el llamado Sexenio democrático durante el mandato de Amadeo I. En consecuencia, Navarra y el País Vasco se convirtieron en fuertes territorios carlistas difíciles de conquistar para los liberales.
Primera Guerra Carlista
Causas
La primera guerra carlista consistió en un enfrentamiento militar entre los carlistas —que apoyaban a Carlos María Isidro de Borbón (de ahí el nombre de estos conflictos)— y los isabelinos, que apoyaban al reinado de Isabel II, que permanecía bajo la tutela de la reina regente María Cristina de Borbón.
La regente María Cristina de Borbón y sus reformas
Según los historiadores, el gobierno de María Cristina había comenzado bajo la línea del absolutismo; sin embargo, la reina decidió centrarse en las ideas liberales para conseguir el apoyo de las masas.
El lema de estos gobernantes (es decir, de Isabel y su madre) era “Patria, Dios y Rey”; usaban este lema para articular su teoría política.
Otra decisión que María Cristina tomó con la ayuda de sus asesores fue aplicar el foralismo —una doctrina que establece jurisdicciones locales— a cada uno de los territorios españoles. También priorizaron la defensa de la religión y los valores católicos por encima de cualquier otro aspecto cultural.
Por su parte, los carlistas estaban formados por un grupo de pequeños terratenientes, gentes del campo y pequeños artesanos, que no se sentían cómodos con las reformas que había aplicado el gobierno de María Cristina.
Por este motivo, las primeras investigaciones se iniciaron en las zonas más rurales del norte de España, como Cataluña, Aragón, Navarra y País Vasco.
Carlos V del lado de los absolutistas
Carlos logró atraer a los grupos más absolutistas y radicales, que favorecían valores más tradicionales.
Este sector estaba en desacuerdo con los cambios que Fernando VII había implementado antes de su muerte, que defendían la foralidad como recurso político y el mantenimiento de la Inquisición como forma de control ideológico.
Además del apoyo del sector rural, Carlos también logró agrupar a algunos nobles menores, así como a miembros de la clase media y el clero. También contó con el apoyo de las masas, gravemente afectadas por las reformas liberales, ya que se abolieron los gremios y se incrementaron los impuestos.
La primera guerra carlista es conocida también como la “Guerra de los Siete Años”, precisamente por su duración (1833-1839).
Esta guerra concluyó con el tratado conocido como Abrazo o Convención de Vergara , firmado por un general carlista llamado Maroto y un general de la corte liberal llamado Espartero. De esta forma, se pudo establecer un breve período de paz en la Península Ibérica.
Consecuencias
En primer lugar, una de las principales consecuencias de este primer enfrentamiento carlista fue el elevado coste en vidas humanas, ya que fue una guerra muy cruenta, violenta y larga que acabó con la pérdida de gran parte de la población española.
Como consecuencia política, estos conflictos impulsaron la decisión de la monarquía española de liberalizarse completamente, abandonando el absolutismo. Cabe destacar que Isabel y la reina regente discrepaban de todas las políticas liberales, adoptando así una versión más conservadora de esta ideología.
En el ámbito económico, la guerra generó innumerables gastos, lo que agravó la situación de las políticas fiscales. En consecuencia, el gobierno sintió la necesidad de priorizar las necesidades del estado sobre las de la reforma agraria.
Segunda Guerra Carlista
Causas
El fracaso en la negociación a través del matrimonio
Tras el tratado de paz con el que finalizó el primer enfrentamiento, Carlos María Isidro (Carlos V) propuso la idea de que su hijo Carlos VI se casara con Isabel II; de esta forma, los enfrentamientos podrían cesar y, por fin, se podría instaurar el carisma en el poder español.
Isabel II se casó con Francisco de Asís Borbón. Tras este fallido intento de negociación, la guerra estalló de nuevo en 1846, que duró hasta 1849.
Esta guerra tuvo lugar en los estados de Aragón, Burgos, Navarra, Toledo y Cataluña, y se denominó la Guerra de los Matiners. A los intentos de Carlos Luis de Borbón se sumaron algunos partidos republicanos y progresistas, que previamente habían discrepado del carlismo.
Causas económicas y sociales
Otra causa de esta segunda guerra tuvo que ver con el hecho de que el sector más pobre y rural de la población española se había visto muy afectado desde la primera guerra, hasta el punto de pasar hambre.
El gobierno de la Reina Regente decidió enviar alimentos para superar estas dificultades, pero no había suficientes provisiones para solucionar la hambruna.
Al mismo tiempo, se vivía una crisis industrial que influyó en el desarrollo de la Revolución Industrial Catalana. En consecuencia, estas dificultades fomentaron el contrabando, así como la disminución de la demanda externa de diversos productos españoles.
Todas estas dificultades, políticas y económicas, provocaron el estallido de la Segunda Guerra Carlista.
Consecuencias
Para algunos historiadores, la Segunda Guerra Carlista fue uno de los acontecimientos más traumáticos de la historia de la España del siglo XIX, ya que desestabilizó por completo la economía española y contribuyó al deterioro social y espiritual de la población.
Una de las consecuencias fundamentales de este segundo enfrentamiento armado fue la división de la sociedad española en dos bandos principales, lo que condujo a la ruina de la propiedad pública y privada. Esto se debió a que ambos ejércitos se mantuvieron en pie gracias a los recursos de los territorios rurales.
Desde el punto de vista político, otra consecuencia fue el fortalecimiento de la cuestión de las cartas forales, que trajo consigo muchas restricciones comerciales y un mayor resentimiento entre los terratenientes más conservadores.
Tercera Guerra Carlista
La Tercera Guerra Carlista también se considera la Segunda Guerra Carlista, ya que algunos historiadores niegan que fuera tan importante como los otros dos enfrentamientos de ese periodo histórico.
Este enfrentamiento tuvo lugar entre 1872 y 1876, pero esta vez el pretendiente carlista era Carlos, duque de Madrid, mientras que Amadeo I y Alfonso XII estaban en el bando monárquico.
Antecedentes
Tras la Guerra de Matiners, transcurrieron algunos años de paz; sin embargo, el conflicto social entre carlistas y liberales persistió. En 1861, Carlos V falleció, dejando un sentimiento de confusión y vacío entre todos los carlistas, ya que su hermano y sucesor, Juan, había pertenecido al partido liberal.
Durante estos años, tuvo que tomar las riendas del partido de manos de la viuda de Carlos V, la princesa de Beira.
En 1868 se produjo una revolución que obligó a Isabel II a abandonar la Península y asumió el poder Amadeo de Saboya, quien creía en la instauración de un régimen democrático bajo la ideología liberal.
Como resultado de esta fase de transición, se produjo un aumento de apoyos en el bando carlista, ya que los conservadores decidieron unirse al partido. En consecuencia, en 1871, el partido de Carlos obtuvo la mayoría en el parlamento.
Causas
Una de las principales causas de este tercer enfrentamiento militar, además del debilitamiento político de los liberales en el parlamento, fueron los acontecimientos de las elecciones de 1872.
Durante este período, los carlistas fueron acusados de fraude. Esto indignó a los grupos más tradicionales y conservadores, quienes utilizaron esta acusación como pretexto para alzarse en armas en algunas zonas de Cataluña y Pamplona.
Tras este acontecimiento, los carlistas lograron sublevarse en otras regiones, como Navarra y en algunas provincias vascas, que iniciaron enfrentamientos militares formales.
En aquella época, los carlistas habían conseguido convencer a los gobernantes del continente europeo de que la España liberal representaba un peligro para la Península.
Consecuencias
Aunque los carlistas creyeron que en esta ocasión por fin podrían acceder al trono gracias a su mayor número y al apoyo internacional, fracasaron definitivamente cuando Alfonso XII, hijo de la reina Isabel II, obtuvo la coronación como heredero legítimo.
Exilio de Carlos VII
A raíz de estos acontecimientos, Carlos VII decidió exiliarse en el país francés completamente derrotado, pero jurando que recuperaría lo que era suyo.
Otra consecuencia de la Tercera Guerra Carlista fue el descontento que dejó en la población el hecho de que ninguno de los objetivos marcados por el partido carlista pudiera alcanzarse.
A esto se sumó un gran número de muertes, lo que provocó un aumento del hambre, la miseria y la pobreza que se extendió por toda la Península, junto con una serie de enfermedades que se extendieron gracias a las expediciones militares realizadas por los carlistas.
Efectos positivos de la tercera guerra
A pesar de todas las desastrosas consecuencias de los conflictos bélicos de esta magnitud, algunos historiadores creen que se logró algo positivo.
El tratado redactado por Lord Eliot buscaba reducir las atrocidades entre los dos bandos españoles, ya que el tratado buscaba un procedimiento más apropiado para las personas que estaban encarceladas.
Tras el fracaso del levantamiento, los soldados carlistas fueron acogidos por el ejército gubernamental y se les permitió conservar todas las condecoraciones de sus anteriores rangos. Sin embargo, muchos soldados carlistas optaron por no seguir este camino y, en su lugar, desertaron.
Para el partido de Alfonso, el fin de esta guerra implicó el establecimiento de un gobierno restaurador que impulsó la creación de la Constitución de 1876. Los soldados del rey fueron aclamados y conmemorados con la concesión de medallas correspondientes a la guerra civil.
Alfonso decidió tolerar a los militares opositores, alegando que podían permanecer en la Península, ya que se habían convertido en rivales respetables. En otras palabras, esta guerra civil no eliminó por completo las ideas carlistas, ya que no hubo quejas contra el bando derrotado.
Surgimiento del Partido Nacionalista Vasco
Otra consecuencia fundamental de estos enfrentamientos fue la desaparición total de las jurisdicciones, que fueron eliminadas legalmente en 1876.
Como resultado de esta abolición, se firmó el Primer Concierto Económico Vasco, que permitió a este sector español mantener su autonomía económica. Años más tarde, esto impulsó el nacimiento del conocido Partido Nacionalista Vasco en 1895.
Referencias
- (SA) (2011) Las guerras carlistas . Recuperado el 25 de marzo de 2019 de DNL Histoire-géographie: dnl.org
- Bullón, A. (2002) La Primera Guerra Carlista, tesis doctoral. Recuperado el 25 de marzo de 2019 del Departamento de Historia Contemporánea: eprints.ucm.es
- Caspe, M. (1998) Algunas conclusiones sobre las consecuencias de la Segunda Guerra Carlista en Navarra (1872-1876). Recuperado el 25 de marzo de 2019 de Euskomedia: hedatuz.euskomedia.org
- Ezpeleta, F. (2012) Las guerras carlistas en la literatura juvenil. Recuperado el 25 de marzo de 2019, de Dialnet: dialnet.com
- Luaces, P. (2011 ) 1876: Finaliza la tercera y última guerra carlista. Recuperado el 25 de marzo de 2019 de Libertad Digital: blogs.libertaddigital.com